Antes de Adán
Antes de Adán Pero todo esto no nos interesa. Dulce Alegría se distinguía de todas las mujeres de la Horda y desde el primer momento me sentí atraído hacia ella. Su mansedumbre y su dulzura me cautivaban. Nunca se encolerizaba, nunca combatía; huía, huía siempre, y la llamo Dulce Alegría por eso. Era mejor trepadora que nosotros. Cuando jugábamos, no podíamos cogerla sino por casualidad, mientras que ella nos alcanzaba cuando quería. Era velocísima en todos sus movimientos, y tenía gran facilidad para calcular las distancias, no igualada más que por su rapidez. Excesivamente tímida en todas las cosas, se volvía osada cuando comenzaba a trepar y correr a través de la selva; Oreja Caída y yo éramos unos torpes en comparación con ella.
Sería huérfana, porque nunca la vimos con nadie, y no sé deciros cuanto tiempo habría vivido sola en el Mundo. Desamparada, debió haber aprendido en su más tierna infancia que en la huída estaba su salvación. Era discreta y prudente. Oreja Caída y yo quisimos averiguar dónde pudiera vivir. Debería tener algún retiro entre los árboles, no muy lejos de allí; pero por, mucho que seguimos sus huellas no pudimos encontrarlo. Concedía, benévola, el estar con nosotros en las horas de juego, pero guardó celosamente el secreto de su morada.