Antes de Adán
Antes de Adán Y entonces vino la persecución. Parecía que no se acababa nunca. Corrió desenfrenadamente tras de nosotros la tribu entera, y por poco nos alcanza. Nos vimos obligados a bajar a tierra, donde teníamos la ventaja porque eran Hombres de los Árboles, y así como ellos trepaban mejor por las ramas, nosotros corríamos más que ellos. Huimos hacia el Norte, con la tribu detrás, en nuestro seguimiento siempre. Corríamos por las parameras sin árboles, donde les aventajábamos; pero después, en la espesura de las selvas, nos volvían a dar alcance. Y en el curso de la persecución comprendimos que no eran de nuestra raza, que los lazos existentes entre ellos y nosotros podían ser de todo menos de simpatía.
Horas y horas corrieron tras de nosotros. La selva parecía interminable. Recurríamos a las parameras y campos rasos siempre que era posible; pero de nuevo tropezábamos con las selvas espesas. Algunas veces creíamos haber escapado de ellos, nos sentábamos a descansar, y antes de que pudiéramos recobrar el aliento, oíamos el odioso “¡uuoj! ¡uuoj!” y los terribles gruñidos “¡goeck! ¡goeck!” que a veces terminaban en un salvaje “¡¡¡ ja, ja, jaaa!!!”