Antes de Adán
Antes de Adán Una vez, observamos que un león y una leona estaban debajo de nuestro árbol mirando al fuego con la melena erizada y los ojos parpadeantes. El león lamÃa sus fauces, nervioso e inquieto, como si deseara lanzarse hacia delante, en busca de alimento. La leona era más precavida. Fue ella la que nos descubrió, y ambos, macho y hembra, permanecieron mirándonos silenciosos, retorciendo las narices olfateadoras. Luego lanzaron un rugido, miraron una vez más al fuego y al fin se Internaron en la selva.
Oreja CaÃda y yo permanecimos aún mucho rato observando. De cuando en cuando sentÃamos el choque de pesados cuerpos sobre la espesura de los breñales que crecÃan debajo del árbol, y al otro lado del cÃrculo de fuego, surgiendo brillantes de entre las tinieblas, veÃamos los ojos ardientes que resplandecÃan a la luz de las llamas. Se escuchaba a lo lejos el rugido del león y más lejos todavÃa el chillido de algún animal herido y el chapotear en las aguas del abrevadero. También del rÃo venÃa el tremendo gruñido de los rinocerontes.