Antes de Adán
Antes de Adán Miré hacia atrás. El anciano Marrow-Bone, a solas y muy rezagado, iba vacilante y silencioso en su carrera, seguido de cerca por la muerte. A veces tropezaba, y en una ocasión cayó tan largo como era. Ya no se veían venir nuevos dardos. Se alzó débilmente sobre los pies. La edad le pesaba enormemente, pero no quería morir. Los tres Hombres del Fuego que avanzaban corriendo hacia la selva enmarañada podrían haberle alcanzado fácilmente. Ni siquiera lo intentaron. Quizás les parecería demasiado viejo y gastado. Pero sí que se acercaron a Pelicalvo y a mi hermana, porque cuando me volví a mirar desde los árboles vi a los Hombres del Fuego golpeándoles con unas peñas en la cabeza, y uno de ellos era el viejo y rugoso cazador que andaba renqueando...
Seguimos huyendo, entre los árboles, con rumbo a las cavernas, plebe excitada y sin orden, alborotando al paso, camino de los huecos de las peñas, a todos los pequeños seres vivientes de la selva y provocando los chillidos de los abejarucos. Ahora que no era el peligro cosa mayor, Labio Largo aguardó a su abuelo Marrow-Bone, y ambos, el viejo y el joven, nos dieron alcance, dejando en los pantanales al desdichado Pelicalvo, cuya muerte abría entre ellos el vacío de una generación.