Antes de Adán
Antes de Adán
Pero hasta de las cosas buenas acabamos por cansarnos; asà es que mi padre, después de reÃrse a carcajadas un rato, acabó por continuar su caminata entre los árboles. Entonces se apoco otra vez mi ánimo, y, tÃmido de nuevo, me asà tenazmente a mi madre, que trepaba columpiándose en el espacio. Recuerdo que la rama se quebró a nuestro peso. Mi madre habÃa dado un enorme salto, y me sentà anonadado en la sensación de caer, a través del vacÃo, junto con ella. La selva y la luz del Sol que brillaba sobre las hojas susurrantes se desvanecieron ante mis ojos. Tuve una vislumbre borrosa de que mi padre detenÃa bruscamente su marcha para mirarnos, y luego todo se entenebreció.
Un momento después, yacÃa despierto en mi lecho de sábana, sudoroso, temblando y lleno de malestar. La ventana estaba abierta y un aire fresco corrÃa por la habitación. La lámpara ardÃa serenamente.
Deduzco de todo esto que no nos alcanzaron los jabalÃes ni chocamos tampoco contra la tierra, pues en otro caso no estarÃa yo aquÃ, mil siglos después, recordando tales acontecimientos.
Y ahora colocaos por un momento en mi lugar. Convivid conmigo unos instantes mi más tierna infancia, e imaginaos soñando tales horrores incomprensibles.