Antes de Adán
Antes de Adán Ilógicos, inconsecuentes e inconstantes, carecíamos de firmeza en nuestros propósitos, y esta era la causa de la superioridad de los Hombres del Fuego, que poseían todo esto en que tan pobres éramos nosotros. En algunas cosas, sin embargo, éramos capaces de algún propósito largamente acariciado, especialmente en la vida emocional. El caso de las parejas monogámicas a que antes me he referido podrá interpretarse como efecto de una costumbre; pero no ocurre lo mismo con mi pasión hacia Dulce Alegría, ni menos aún con la enemistad oculta que existía entre Ojo Bermejo y yo.
Lo que más me aflige cuando vuelvo mis ojos a esa vida lejana, es nuestra inconsecuencia y nuestra estolidez. En una ocasión me encontré una calabaza rota, con la concavidad hacia arriba, a manera de cuenco, llena de agua de lluvia. Era dulce el agua y bebí de ella. Hasta me llevé la calabaza y la volví a llenar en el río, en parte para beberla y en parte para derramarla sobre Oreja Caída. Después tiré la calabaza sin más consecuencias. No me cabía en la cabeza ni se me ocurrió nunca llenarla de agua y llevármela a la cueva. Sin embargo, muchas veces, durante la noche, tenía sed, sobre todo después de haber comido cebollas, y tenía que sufrirla, porque nadie osaba salir a beber, fuera de las cavernas.