Antes de Adán
Antes de Adán Hasta ahà y no más allá llegamos en los medios de transporte durante mi vida en la Horda. A nadie se le ocurrió tejer una cesta con mimbre o juncos. A veces ataban con varitas flexibles y con enredaderas los manojos de helechos y ramas que se traÃan a las cuevas para acostarse sobre ellos. Acaso al cabo de diez o veinte generaciones llegarÃamos a inventar el tejido de las cestas. Y después vendrÃa otra cosa indudablemente: si se tejÃan mimbres para hacer cestos, el paso próximo serÃa el tejido de la tela. SeguirÃa a esto el vestido, y al cubrir nuestra desnudez, nacerÃa el pudor.
Asà se iba avanzando en el Mundo prehistórico. Pero nosotros estábamos empezando el camino y no podÃamos ir muy lejos en una generación. No tenÃamos flechas, desconocÃamos el fuego y estábamos en los rudos comienzos del lenguaje. Tan lejana estaba aún la invención de la escritura, que me siento anonadado al pensarlo.
Sin embargo, estuve a punto de hacer un gran descubrimiento, que se hubiera realizado a no ser por la glotonerÃa e Oreja CaÃda. Se demuestra, además, con esto cuán casual era en aquellos dÃas nuestro desarrollo. El caso es que estuvo en un tris que no descubriera yo la domesticación del perro, cosa que los Hombres del Fuego no habÃan conseguido todavÃa, pues sé por observación directa que no tenÃan perros. Pero relatemos cómo la glotonerÃa de Oreja CaÃda detuvo, acaso por muchas generaciones, nuestro progreso social.