Antes de Adán
Antes de Adán Muy lejos, hacia el Occidente de nuestras cavernas, habÃa grandes pantanos, y al Sur se extendÃa una hilera de pequeñas colinas rocosas. Eran menos frecuentadas, porque nadie se aventuraba por allÃ, a causa de no haber alimento alguno y porque estaban plagadas de fieras carnÃvoras.
Pero un dÃa, Oreja CaÃda y yo nos encontramos en las colinas, desviados de nuestro camino. No nos habrÃamos extraviado si no hubiéramos estado persiguiendo a un tigre. Os ruego que no os riáis. Era el propio Diente de Sable. Tropezamos con él en la selva, una mañana, y le gritamos, desde el seguro de las altas ramas nuestro odio. Le perseguimos por encima de su propia cabeza, de rama en rama y de árbol en árbol, lanzando una griterÃa infernal que avisaba a todos los habitantes de la selva la proximidad del viejo tigre Diente de Sable.
Con esto le echábamos a perder la caza por todas partes. Se enfureció de un modo terrible; nos amenazaba, gruñÃa, restallaba la cola, y a veces se paraba a mirarnos fijamente durante un gran rato, como si estuviera cavilando el medio de echarnos mano. Pero nos reÃamos de él y le pinchábamos con tallos secos desde el extremo de las ramas.