Aurora esplendida
Aurora esplendida 29
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giraban como una peonza- Davis era un experto en esta clase de hazañas; había tumbado a infinitos hombres en el Yukon, pero a los pocos minutos se hizo evidente que seria él y no Daylight quien cedería.
Siguieron girando y súbitamente Daylight se detuvo, soltando a su pareja y retrocediendo un, paso, tambaleándose y agitando las manos como queriendo apoyarse en el aire.
Pero Davis, sonriendo consternado, se tambaleó, intentó reto· brar el equilibrio y finalmente cayó de bruces al suelo.
Aun tambaleándose y agitando los brazos, Daylight cogió a la muchacha más próxima y comenzó un vals. ¡De nuevo había realizado otra hazaña! Después de dos mil millas de agotadora marcha y de haber recorrido setenta de ellas aquel mismo día, había tumbado a un hombre que no estaba cansado y ese hombre era Ben Davis.
