Aurora esplendida
Aurora esplendida 55
55
en absoluto- Seguramente en él había otros juegos a qué jugar. Era mesa mayor, y no había razón para que él, con sus millones, no tomara asiento en ella y par. ticipara en el juego.
Y así fué cómo aquella tarde en Skookum Hill resolvió jugar su última y mejor carta en el Klondike, antes de abandonarlo para siempre.
Fué cosa de tiempo. Situó agentes de confianza que siguieran los pasos de los técnicos, y donde ellos compraban, compraba él- Donde intentaron adueñarse de caletas al parecer agotadas, lo en- contrarin a él atravesándose en su camino con pertenencias hábilmente dispersas que malograban sus planes.
