Aurora esplendida
Aurora esplendida 62
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extrañó que no se pareciera a Dowset. Excepto en rec. titud-una rectitud que parecía innata en él,-Nathaniel Letton era por completo diferente al otro.
Flaquísimo, parecía la llama fría de un hombre, un hombre del que irradiaba una especie de llama misteriosa, que, tras un exterior glacial, daba, no obstante, la impresión del calor abrasador de mil soles. Sus grandes ojos grises daban esta sensación, llameaban febrilmente en una casi calavera, tan delgada era su, cara, de piel espantosamente pálida.
No contaría más de cincuenta años, tenía el pelo gris, pero daba la impresión de tener doble o triple edad que Dowset. Sin embargo, Nathaniel Letton ejercía pleno dominio sobre sí mismo, como Daylight podía verlo claramente. Era un asceta de rostro delgadísimo, que vivía en un estado de completa placidez: un planeta derretido bajo una sábana de hielo transcontinental.
