Aurora esplendida

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CAPITULO IV

Al abrirse la puerta, Nathaniel Letton estaba en uso de la pala. bra; calló y con sus dos compañeros miró con reprimida turbación a Burning Daylight, que entraba en la pieza: -¡Salud, caballeros, salud!-exclamó éste sin parecer notar la exagerada calma de su recibimiento.

Saludó a los tres, estrechándoles las manos con tal energía que Letton no pudo reprimir un gesto de dolor, y se dejó caer en una silla, dejando negligentemente a su lado, en el suelo, el maletín que traía -¡Válgame el cielo! ¡Cuanto he trabajado!-suspiró.-Pero los hemos desplumado de lo lindo. Y no me di cuenta de lo mejor hasta el final. Era simplemente lo que se llama robar dinero. ¡Con qué sorprendente facilidad cayeron en el lazo 1 La genialidad de sus palabras les tranquilizó.

Al fin y al cabo, no era tan formidable. A'pesar de haber podido ganar acceso hasta ellos, no obstante las órdenes dadas, no mostraba tendencia a hacer una escena o a emplear la violencia.

- Bien-prosiguió Daylight.-¡No tienen ustedes una buena pa. labra para su socio, o es que el éxito de la empresa les ha DEJADO mudos?

Letton murmuró palabras ininteligibles. Dowset, inmutable, esperó acontecimientos, mientras que Guggenhammer intentaba hablar. -¡Es indudable que ha hecho usted un enredo de todos los diablos!-dijo al fin.


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