Aurora esplendida
Aurora esplendida Al abrirse la puerta, Nathaniel Letton estaba en uso de la pala. bra; calló y con sus dos compañeros miró con reprimida turbación a Burning Daylight, que entraba en la pieza: -¡Salud, caballeros, salud!-exclamó éste sin parecer notar la exagerada calma de su recibimiento.
Saludó a los tres, estrechándoles las manos con tal energía que Letton no pudo reprimir un gesto de dolor, y se dejó caer en una silla, dejando negligentemente a su lado, en el suelo, el maletín que traía -¡Válgame el cielo! ¡Cuanto he trabajado!-suspiró.-Pero los hemos desplumado de lo lindo. Y no me di cuenta de lo mejor hasta el final. Era simplemente lo que se llama robar dinero. ¡Con qué sorprendente facilidad cayeron en el lazo 1 La genialidad de sus palabras les tranquilizó.
Al fin y al cabo, no era tan formidable. A'pesar de haber podido ganar acceso hasta ellos, no obstante las órdenes dadas, no mostraba tendencia a hacer una escena o a emplear la violencia.
- Bien-prosiguió Daylight.-¡No tienen ustedes una buena pa. labra para su socio, o es que el éxito de la empresa les ha DEJADO mudos?
Letton murmuró palabras ininteligibles. Dowset, inmutable, esperó acontecimientos, mientras que Guggenhammer intentaba hablar. -¡Es indudable que ha hecho usted un enredo de todos los diablos!-dijo al fin.
