Aurora esplendida

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Jugaban los que podían jugar. La gigantesca futilidad de la humanidad organizada y alucinada por los bandidos no le impresionaba.

Era el orden natural. Prácticamente, todos los afanes humanos eran fútiles. Lo habían visto con demasiada frecuencia.

Sus camaradas habían muerto de hambre en el Stewart- Cientos de veteranos habíanse quedado sin poder estacar en Bonanza o en Eldorado, mientras que novatos habían llegado antes, estacando a ciegas y consiguiendo millones.

Era la vida, y la vida, en el mejor de los casos, es salvaje. Los hombres se robaban obedeciendo a sus instintos. Robaban como el gato araña, o el hambre aprieta, o el hielo quema. Así fué cómo Daylight se hizo financiero afortunado.

No se ocupó en robar al obrero, no sentía ni el deseo, ni la inclinación de hacerlo.

Para él, el deporte consistía en desvalijar a los bandidos y arrebatarles sus presas.

Como los piratas de antaño, robaba al rico para socorrer al pobre, pero lo hacía a su manera.

La gran masa de la miseria humana no le decía nada. No simpatizaba con la caridad organizada ni con las profesiones de la dádiva.


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