Aurora esplendida
Aurora esplendida 74
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Pero tampoco repartía larguezas por un sentimiento de resti. tución. No debía nada a nadie y el restituir estaba fuera de lugar. Sus dones eran espontáneos y libres.
No contribuyó a la suscripción por las víctimas del terremoto del Japón, pero dió a Jones los medios suficientes para pasar un año con independencia y libertad para escribir su libro.
Cuando supo que la esposa de su camarero del hotel padecía de tuberculosis, la envió a Arizona, y más tarde, al declararse incurable su estado, envió al marido a que estuviera a su lado hasta el final.
El terrible Yukon no había endurecido el corazón de Daylight, pero la civilización lo consiguió.
En el feroz juego que ahora jugaba, su habitual genialidad fue difuminándose como su típica manera de hablar.
Sus procesos mentales se hicieron secos y tajantes como su palabra. Hasta sus facciones se alteraron.
