Aurora esplendida
Aurora esplendida Sus líneas se hicieron más severas, desapareció la sonrisa de sus labios y de sus ojos, que revelaban ahora destellos de crueldad. Su tremenda vitalidad siguió radiando por todo su ser, pero era una vitalidad de conquistador.
A veces tenía aun recrudescencias de genialidad, pero eran periódicas y forzadas y generalmente fruto de los cocteles.
En el Norte había bebido fuerte, pero a intervalos irregulares; ahora el beber era sistemático y disciplinado. Los cocteles servían de inhibición.
La tensión de los negocios requería interrupción, interrupción que encontró en la bebida sirviéndole de muro de piedra.
No bebía jamás por la mañana, pero en cuanto daba por ter. minado el día, disponíase a levantar ese muro de inhibición alco. hólica con todo conocimiento.
Naturalmente, esto tenía sus excepciones; pero era tal el rigor de su disciplina, que si tenía en proyecto una comida o una con. ferencia en la que hubiera de enfrentarse con aliados o enemigos comerciales, se abstenía de beber.
Pero en cuanto terminaba el asunto que las había motivado, pedía un Martini doble servido en una copa grande para evitar comentarios.