Aurora esplendida
Aurora esplendida 10
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- Puede que se trate de un caso en que una corazonada después del descarte es mejor que la corazonada anterior-observó Kearns. - Por tanto, el deber dicta: "Sube, Jack, sube el pozo" y yo, como buen chico, subo cinco mil más.
Daylight se reclinó en su silla y contempló las lámparas de petróleo mientras calculaba en.voz alta.
- Aposté nueve mil antes del descarte, y luego veintiún mil, lo cual asciende a treinta mil. Me quedan diez mil.
Miró a Jack Kearns y dijo: -Subo esos diez mil.
- Puedes subir más, si quieres-respondió Kearns.-Tus perros valen cinco mil para este juego.
- Mis perros, no. Podéis ganarme mi oro en polvo y la mina, y el aserradero, y hasta la camisa; pero ni uno de mis perros. Simplemente pido que se vean las cartas.
MacDonald meditó largo tiempo. Nadie se movió ni cuchicheó. Los mirones estaban tensos de excitación. Reinaba un silencio absoluto. Tan sólo se oía la corriente de la gigantesca estufa y, desde fuera, el aullido de los perros.
