Aurora esplendida
Aurora esplendida - Supongamos que las razones que le he dado son las únicas y que no hay otro motivo para no desear su trato.
- Entonces insistiría sin cesar-repuso él en seguida,-porque he notado que insistiendo siempre se consigue por lo menos que le escuchen a uno. Pero si tuviera usted otras razones, si no quisiera conservar mi amistad, si creyera que me ofendería por el hecho de su dependencia…-perdió el hilo de su razonamiento ante el temor de que pudiera ser realmente así.-En fin, lo que precisa es que usted manifieste claramente sus intenciones. Si es necesario me alejaré sin rencor. Será… mala suerte. Por lo tanto, le ruego que sea franca y me diga si es esa la razón… No sé por qué, creo que sí.
Ella le miró con los ojos ligeramente velados por la emoción o quizá por algún amago de cólera.