Aurora esplendida
Aurora esplendida Por fin llegaron a la cúspide, desde la que podÃan contemplar el panorama que se extendÃa a sus pies. En la llanura, bordeando la bahÃa, estaba Oakland, y al lado opuesto, San Francisco. Entre las dos ciudades velanse los vaporcitos que iban de una a otra.
A su derecha se encontraba Berkeley, y a su izquierda se divisaban los pueblecillos dispersos entre Oakland y San Leandro. Directamente entre ellos aparecÃa Piedmont, con sus escasos edificios y sus tierras de laboreo, y desde alli el terreno iba ondulando hasta Oakland. -¡Mire!-exclamó Daylight.-Cien mil habitantes, y sin razón para que no haya medio millón- Existe la oportunidad de hacer crecer cinco personas donde ahora sólo crece una. En una palabra, mi plan es este: ¿Por qué no vive más gente en Oakland? Porque no hay buenas comunicaciones con San Francisco y porque Oakland ea un pueblo muerto, a pesar de ser mejor que aquél para residÃs. Ahora, suponga que compro todos los tranvÃas de Oakland, Berkeley, Alameda, San Leandro y el resto, amalgamándolos bajo una dirección competente.