Aurora esplendida
Aurora esplendida Uno tras otro fueron intentándolo todos, sin conseguir doblar el suyo, incluso gigantes como Olaf Henderson y Luis el Francés. Cuando alegaron que se trataba de alguna artimaña o de al. guna habilidad muscular especial, les desafió a otra prueba. -¡Oid, todos!-gritó.-Voy a hacer dos cosas: la primera, ver cuanto dinero me queda; la segunda, apostármelo a que cuando hayáis alzado del suelo cuantos sacos de harina podáis, yo añadiré dos más y levantaré el total. -¡Aceptol-tronó Luis, entre aplausos. -¡Alto!-interrumpió Olaf Henderson.-Valgo tanto como tú, y quiero ir a medias en la apuesta.
Puesto en las balanzas, el saco de oro en polvo de Daylight marcó cuatrocientos dólares, y Luis y Olaf dividieron la cantidad entre los dos.
Del almacén de MacDonald trajeron sacos de harina de cincuenta libras de peso, y otros hombres midieron sus fuerzas pri. mero, dejando los sacos en el suelo, atados con fuertes cuerdas.
De esta forma, alguno pudo levantar hasta cuatrocientas 0 quinientas libras y otros llegaron a seiscientas.