Aurora esplendida

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Los dos gigantes, Olaf y Luis, igualaron a setecientas. Pero Luis añadió otro saco, alzando entonces setecientas cincuenta. Ola£ repitió la hazaña; pero ninguno de los dos pudo levantar ochocientas libras de peso, teniendo que desistir sudorosos y jadeantes, tensos los músculos. Olaf y Luis llegaron a mover el peso y hasta inclinarlo, pero sin lograr separarlo por completo del suelo. -¡Por Dios, Daylight, te has equivocado!-exclamó Luis el Francés, saltando de las sillas.-Tau sólo un hombre de hierro puede hacerlo. Ningún hombre de carne y hueso puede hacerlo. No ya cien libras más…ni diez.

Desataron los sacos, y al ir a añadir los dos más, Jack Kearns intervino:

- Solamente uno. -¡Dos!-gritó una voz.-¡La apuesta fueron dos!

- No levantaron el último saco-protestó Kearns.-Levantaron solamente setecientas cincuenta libras.

Daylight cortó la discusión magníficamente. -¡Por qué os acaloráis discutiendo tanto? ¿Qué más da un saco? Si no puedo levantar tres más, tampoco levantaré dos. Ponedlos todos.

Subió a las sillas, afianzando su posición, y dobló los hombros hasta que sus manos tocaron las cuerdas, variando entonces de posición, hasta ajustar perfectamente las palancas musculares de su cuerpo.


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