Aurora esplendida
Aurora esplendida No era una virtud suya; había nacido con ella. Sus nervios transmitían los mensajes con mayor rapidez que los de los otros; su proceso mental, culminando en actos de voluntad, era más rápido; sus músculos eran como explosivos de alta potencia; las palancas de su cuerpo actuaban como las bocas de un férreo cepo. Y, por añadidura, estaba dotado de esa fuerza muscular quo solamente posee un hombre entre un millón, una fuerza dependiente, no en su cantidad sino en su calidad, de la suprema excelencia orgánica de sus músculos mismos.