Aurora esplendida
Aurora esplendida 135
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sin descanso las faenas domésticas y parecían un milagro de dul. zura cuando le acariciaban el cabello.
Pero Daylight no daba nunca la sensación de esclavitud ante su mujer. Vivía su vida de hombre del mismo modo que ella vivía su vida de mujer.
Había una sabia distribución en las labores que a cada uno co rrespondían, y el conjunto asemejábase a un dechado perfecto de interés y consideración mutuos.
A él le interesaban tan profundamente su música y su cocina como a ella los ensayos agrícolas que él emprendía en los diferentes jardines del rancho- Y él, que resueltamente se negaba a morir de exceso de trabajo, procuraba con todo cuidado evitar a su mujer tan terrible riesgo.
Por tales razones, usando de sus prerrogativas de hombre, no permitió que la presencia de huéspedes constituyera un aumento de trabajo a cargo de su mujer- Porque, efectivamente, eran muchos los que les visitaban durante los largos y calurosos días de verano, por lo común amigos que habitaban en la ciudad, a los que instalaba en tiendas de campaña dándoles absoluta libertad para que, cual verdaderos veraneantes, se cuidasen de su propia comida.
