Aurora esplendida
Aurora esplendida MacDonald sonrió, asintiendo e iba a responder, cuando se abrió a puerta y un hombre apareció en el umbral. Una ráfaga de escarcha, convertida en vapor por el calor de la sala,!e envolvió por un instante, y extendiéndose por el suelo llegó hasta unos tres metros de la estufa donde se disipó. Tomando de un clavo, junto la puerta, una escobilla de paja, el recién llegado limpió de nieve sus mocasines y sus gruesos calcetines de lana. HabrÃa parecido un hombre fornido, de no habérsele acercado un franco-canadiense gigantesco que le estrechó la mano. -¡Hola, Daylight! -fué su saludo. -¡Cuánto me alegro de verte! -¡Hola, Luis! ¿Cuándo llegasteis todos vosotros?-contestó el recién llegado.-Vamos al mostrador y nos contarás iodo lo que pasa en Bone Creek. ¡Choca esa mano otra vez! ¡Dónde está tu socio? Lo ando buscando.
Otro gigante se aproximó a ellos para estrechar la mano. Olaf Henderson y Luis el Francés, socios en las explotaciones de Bone Creek, eran los dos hombres más altos de la región, y aunque le llevaban tan sólo media cabeza al recién llegado, éste, al lado de ellos, quedaba por completo empequeñecido. -¡Hola, Olaf! Quedas de mi cuenta-dijo el llamado Daylight. -Mañana es mi cumpleaños y te voy a tumbar, ¡sabes? Y a ti también, Luis. Siendo mi cumpleaños, os puedo a todos. Ven a beber, Olaf, y os explicaré lo que pienso hacer.
