Aurora esplendida
Aurora esplendida 137
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Alerta, ágil y silencioso como un fantasma, ora deslizándose, ora arrastrándose, el perro, que era sencillamente un lobo domesticado, acechaba la presa palpitante, que para él representaba la potranca traÃda al mundo por "Mab". Y la yegua, despiertos también sus instintos salvajes, se interpuso, temblando de indignación, entre su potrillo y la bestia que amenazaba sus tiernos dÃas, sabedora del terror que éste y sus hermanos lobos habÃan inspirado a los de su propio linaje.
Hubo un momento en que la yegua giró sobre sà misma tratando de dar una coz al perro, pero su defensa favorita consistió en golpearlo con las patas delanteras o lanzarse sobre él con las orejas gachas y la boca abierta, intentando romperle el espinazo; y el perro lobo, con las orejas también bajas, se agachaba y se escurrÃa ágilmente, para volver a atacar al potrillo por otro lado, dando asà a la yegua nuevos motivos de alarma.
