Aurora esplendida
Aurora esplendida Vió el sendero que, partiendo del fondo del valle, se elevaba sobre los terrenos de pasto, sendero por el que él subirÃa para tender el puente que le llevarÃa hasta el cañón. Al otro lado emplazarÃa el molino y colocarÃa la cadena sinfÃn suspendida de un cable y movida por la fuerza de gravedad para transportar el mineral hasta las mismas máquinas trituradoras.
Toda la mina se ensanchaba ante él y bajo sus pies, con sus túneles, sus galerÃas, sus pozos y sus elevadores. OÃa ya el vocerÃo y el ruido de los mineros y el estruendo de la maquinaria en acción. La mano con que asÃa el trozo de cuarzo le temblaba, y en la boca del estómago sentÃa una extraña sensación nerviosa y de cansancio. De repente dióse cuenta de que necesitaba beber… wihisky, cocteles, cualquier cosa con tal que fuera algo que beber.. entonces, mientras el apagado deseo de alcohol resucitaba en él, oyó, lejana y remota, subiendo del valle, la voz de Dede que llamaba sus polluelos. -¡Chic… chic… chic!… ¡Chic… chic… chic…!
Quedó sorprendido al recuperar la noción del tiempo. La habÃa dejado cosiendo en el pórtico y ya estaba dando de comer a los polluelos, antes de cenar. La tarde se habÃa ido. No podÃa concebir que hubiese permanecido tanto tiempo alejado de la casa.
De nuevo oyó la llamada: -Chic..- chic… chic…