Aurora esplendida
Aurora esplendida 18
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- Acabará con él-dijo Bettles, exultante-Estoy seguro. He viajado con Daylight, y sé lo que es. No conoce el cansancio. Le he visto viajar todo el día con los calcetines mojados y a una temperatura de cuarenta y cinco grados. No hay otro ser viviente que pueda hacer lo mismo.
En tanto que seguían las discusiones, Daylight se despedía de sus amigos. La Virgen quiso darle un beso y, no sabiendo éi cómo escabullirse, resolvió la cuestión besando también a las otras tres mujeres presentes. Se puso los guantes, dió la voz de alerta a sus perros y empuñó la lanza de mando. -¡En marcha!
Los animales apoyaron el cuello en el arnés, clavando las uñas en la nieve- y lanzando una especie de gemido, empezaron la marcha, a tal velocidad, que pronto Daylight y Kama tuvieron que correr para alcanzarlos.
Corriendo perros y hombres, bajaron al helado ribazo, y, enfilando el Yukon, helado también, desaparecieron envueltos en la Sobre el río, donde había una pista ya marcada, y donde los patines eran innecesarios, los perros recorrían unas seis millas por hora.
