Aurora esplendida
Aurora esplendida 19
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Lejos, hacia el Sur, el sol ascendía por su meridiano, pero entre él y el Yukon helado interponíase la comba de la tierra.
El Yukon yacía en las sombras de la noche; el día era, en realidad, un crepúsculo. A las doce menos cuarto, en un paraje donde el río trazaba amplia curva, dejando visible inmensa extensión hacia el Sur, distinguíase la parte superior del disco solar en el horizontePero no se alzaba perpendicularmente; por el contrario, su curso era diagonal, de forma que, a las doce su parte inferior tocaba casi la línea del horizonte.
Era un sol apagado, mortecino, sin calor, y una vez alcanzado el meridiano, comenzó a declinar. A las doce y cuarto la tierra proyectaba de nuevo su sombra sobre la región.
Hombres y perros seguían su marcha. Kama y Daylight eran salvajes, en cuanto a sus estómagos se refería. Podían comer hasta saciarse cuando la ocasión se presentaba, y si no se presentaba, podían pasar sin comer.
