Aurora esplendida
Aurora esplendida A las diez aun se hacían apuestas.
En el fondo del alma, la Virgen creía que Daylight había fracasado; así y todo, hizo una apuesta con Bates, veinte onzas contra cuarenta, a que Daylight llegaría antes de la medianoche.
Ella fué la primera que oyó el ladrido de los perros: -¡Escuchad!-gritó.-¡Es Daylight!
Hubo una carrera general hacia las dobles puertas, dobles a modo de protección contra las tormentas, y la gente retrocedió. Oyeron el alegre ladrido de los perros, el restallar del látigo y la voz de Daylight, animando a los extenuados animales y coronando su hazafía guiándolos a través de la entrada, deslizándose trineo y perros por el piso de madera.
Penetraron como una tromba, y con ellos entró el frío de la escarcha, un visible vapor blancuzco.
Seguíales Daylight, oculto hasta las rodillas por el vapor de la escarcha a través de la cual parecía vadear.
Era el mismo Daylight, más flaco y de aspecto fattigado; sus ojos negros brillaban más que nunca. Su parka de algodón cubríale como la capucha de un fraile, cayendo en líneas rectas hasta las rodillas. Chamuscada y sucia por el humo y el fuego de los campamentos, la prenda contaba la historia del viaje. Una barba de dos meses cubría sus mejillas; la barba, a su vez, estaba cubierta de hielo, producto de la respiración al congelarse.