Aventura
Aventura El tahitiano esperó pacientemente la acometida de la fiera, y cuando Satanás, de un salto formidable, se abalanzaba a su cuello, el hombre extendió su brazo. Fue un puñetazo magistral en la quijada inferior, que hizo describir al perro una curva en el aire, antes de caer patas arriba. El animal, sin embargo, se recuperó rápidamente y volvió a la carga con más furia, pero con el mismo resultado. Hasta tres veces volvió a saltar sobre su enemigo, recibiendo otras tantas la misma respuesta, y rodando por tierra finalmente. Entonces intentó morderle los pies a Matauare, atacando y retrocediendo como suelen hacerlo los perros.
—Ya basta, Satanás. ¡Quieto! —le gritó Sheldon—. Este jovencito es amigo mío.
Antes de comprender que los tahitianos pertenecían a la servidumbre de la casa, Satanás siguió sus movimientos durante horas. Después se encaró con tres de los muchachos, arrinconando a Ornfiri en la cocina y llevándole hasta la estufa; rasgando los refajos de Lalaperu mientras este escapaba encaramándose a un pilar de la galería, y saltando sobre la mesa de billar, detrás de Viaburi, que se sintió perdido hasta que Joan llegó a rescatarlo.