Aventura
Aventura —Es la primera vez que me comenta algo de mi viaje a Sydney —contestó ella—. Debe de haber recibido usted el aviso por medio de ese telégrafo que atraviesa la jungla. Ahora ya sabrá que ese subalterno analfabeto y tramposo, ese marinero de agua dulce de Tulagi, quiere deportarme como si fuese una inmigrante indeseable.
—En absoluto —aseguró Sheldon, temeroso de haberla podido ofender, aunque no sabÃa cómo—. Es que con la pérdida del barco pensé… ¿comprende?… Pensé que quizá…; bueno, que hasta que pueda usted entrar en contacto con sus amigos, mis banqueros de Sydney quizá podrÃan adelantarle algún dinero, extraoficialmente. Me encantarÃa poder ayudarla, y puede que sea conveniente…
Pero se interrumpió y se quedó de piedra, al ver la cara que ella estaba poniendo.
—¿Qué es lo que he dicho para que me mire de ese modo? —preguntó.
Joan tenÃa sus ojos ardiendo en deseos de pelear y sus labios estaban torcidos, en un gesto de burla.
—Nada que no esperase —replicó frÃamente—. No tengo la menor intención de ir a Sydney; aunque esto no quiere decir nada, por lo visto. Tendré que ir hasta allà únicamente porque asà lo considera su inteligencia superior.
Se detuvo un instante, y lo miró con curiosidad.