Aventura
Aventura —¡Vamos! Ya lo creo que puede. Teniendo ya una solución, puedo llevarla adelante hasta donde quiera. Y pienso seguir en las Islas Salomón, aunque no en Beranda. Mañana me iré en mi bote hasta Pari-Sulay. Ya se lo he comentado al capitán Young, quien me dijo que habÃa allà al menos cuatrocientos acres de buena tierra para plantar. Se trata de una isla en la que no tendré que temer que los jabalÃes destruyan los árboles jóvenes. Mi único trabajo será cortar la mala hierba hasta que los árboles ya estén listos para dar fruto. Lo primero que deberé hacer será comprar la isla; después, contratar a cuarenta o cincuenta trabajadores y ponerme inmediatamente a talar y a plantar. Construiré mi propia casa, y de esa forma le ahorraré a usted mi incómoda presencia. No, por favor, no me diga ahora que no.