Aventura
Aventura Según fueron pasando los dÃas, pareció como si Tudor se estuviese encariñando con la hospitalidad de Beranda. Todo estaba preparado para su marcha, pero él la retrasaba, entretenido con Joan, y aumentando la molestia que su presencia le producÃa a Sheldon. Se iba a nadar con la joven con la excusa de vencerla en resistencia; o se iban a pescar con dinamita, buceando en los lugares donde habÃa más tiburones, para disputarles la presa aturdida por la explosión, hasta conseguir el aplauso de los tahitianos. Arahu le provocó para que le quitase un pez de la boca a aquellos carnÃvoros marinos, dejándole la mitad en la boca y mostrando la otra mitad en la superficie, y Tudor realizó la proeza con apenas una raspadura de varias pulgadas en la espalda debido al roce con la piel de lija del feroz animal. Joan estaba entusiasmada, y Sheldon se estaba dando cuenta de que aquel individuo era la encarnación del héroe de todas las novelas que la muchacha habÃa leÃdo en su infancia. CreÃa que ella no amaba aún, pero si algún dÃa lo hiciera, seguramente amarÃa a aquel tipo de individuos… «exhibicionistas».
