Aventura
Aventura Se sucedieron algunas semanas de tranquilidad. Beranda regresaba a su quietud y a su soledad, después de aquel frenético transitar de barcos. Sheldon comenzó de nuevo su trabajo diario en la plantación, roturando la selva, construyendo puentes, plantando palmeras y acudiendo a todas partes montado a caballo. No tenía ni una sola noticia de Joan. Los buques que reclutaban trabajadores en Malaita nunca se acercaban a las costas de Poonga-Poonga; y el capitán de la Clansman, que llevaba negros a Samoa y recaló una tarde en Beranda, trajo la noticia, dada por los indígenas de Sio, de que en Poonga-Poonga se había desatado una batalla. Pero como la noticia no era clara, tampoco había que darle mucha importancia.
El Kammambo acabó con el aislamiento de Beranda durante una hora, lo suficiente para desembarcar el correo, las provisiones y los árboles y semillas que había comprado Joan. El Minerva, en dirección al cabo Marsh, desembarcó las dos vacas de Nogi, y el Apostle, que regresaba a Tulagi para alcanzar el vapor de Sydney, mandó a Beranda una barca cargada con los naranjos y limoneros de Ulava. El tiempo era fantástico. El mar, tranquilo, parecía un pulido espejo. Solo por la noche soplaba regularmente una brisa, y ocasionalmente fondeaban algunos cúters y queches, impacientes por aprovechar la primera brisa para alejarse de la isla.
