Aventura
Aventura Sheldon llegó hasta la hacienda por la puerta trasera, pero no pudo ver nada hasta que dio la vuelta a la casa. Entonces se encontró ante un espectáculo grandioso. En el mar destacaba la Martha, como un coloso al lado de las embarcaciones que la habÃan rescatado, y al pie de la galerÃa, en actitud de espera, una multitud de canÃbales. Los inmaculados lava-lavas, blancos como la nieve, que llevaban todos ellos, indicaban que acababan de ser contratados. Uno de aquellos negros bajaba en aquel momento la escalera, para unirse a los demás, mientras que otro al que acababan de llamar se cruzaba con él. Sheldon escuchó la voz de Joan y frenó su caballo para poder contemplar la escena. La muchacha se encontraba al final de la escalera, sentada a una mesa entre el capitán Munster y el piloto Sparrowhawk. Los tres tenÃan ante ellos una lista muy larga, pero Joan era la que dirigÃa el interrogatorio, escribiendo las respuestas en el ancho libro de jornales de la plantación.
—¿Cuál es tu nombre? —le preguntó al negro que acababa de subir la escalera.
—Tagari —replicó el canÃbal, mostrando los dientes y asombrado al ver por primera vez la casa de un blanco.
—¿De dónde eres?
—De Bangoora.