Aventura
Aventura —¡Santo Dios! ¿A qué viene tanto amar, amar, amar? —le interrumpió ella irritada—. No soy una idiota, y me gustarÃa verme libre de todos estos cuentos. Me da la impresión de que serÃa una buena idea casarme con Noa Noah, con Adamu Adam, con Lalaperu o con cualquier otro negro. De esa forma podrÃa mandar sobre mi marido, alejándome cuando se me hiciera insoportable, y que pudiese defenderme de hombres como usted, que siempre están hablado de matrimonio y de sus deseos, sus deseos, sus deseos.
Sheldon rio, aunque era lo que menos le apetecÃa en ese momento.
—Usted es la persona más cruel que he conocido —dijo.
—¿Solo porque no suspiro por someterme a un hombre? ¡De acuerdo! Entonces soy cruel. ¿Y qué puede usted hacerle, si soy as�
—Lo único que me queda por hacer es preguntarle: ¿cómo es posible que tenga usted apariencia de mujer? ¿Cómo es que tiene labios de mujer, y un hermoso cabello de mujer? Yo mismo responderé: porque usted es una mujer…, aunque todavÃa no lo haya descubierto…, algún dÃa despertará y lo comprenderá.
—¡Que Dios me libre! —exclamó la joven, con un gesto de desfallecimiento tan exagerado que Sheldon comenzó a reÃrse, e incluso ella no logró reprimir a tiempo una leve sonrisa involuntaria.