Aventura
Aventura El avance de los expedicionarios comenzó a hacerse cada vez más rápido a partir de aquel incidente. Charley colocó al prisionero por delante, obligándole a limpiar el camino de trampas y de obstáculos. Al llegar a un recodo del sendero, rodeado por la maleza de forma que cualquier caminante desprevenido se habrÃa tropezado con una cortina de plantas que casi lo atravesaba, el indÃgena se movió con extraordinaria cautela para apartar a un lado las ramas, dejando al descubierto la afilada punta de un arpón, colocado de tal forma que como mÃnimo habrÃa rozado el hombro de algún despistado.
—¡Arpón escondido como demonio…! —exclamó Charley.
Cogió el arma y le echó un vistazo. Después, bromeando, la esgrimió contra el cautivo simulando que se la iba a clavar, pero el salvaje retrocedió espantado. El arma estaba envenenada sin duda, y Charley la utilizó en adelante para espolear constantemente al prisionero, amenazando con clavársela.