Aventura
Aventura —No estoy delirando aún. Cantaba para animarme. ¿Traen algo de comer?
Cinco minutos después, Tudor se recostaba sobre unas mantas. Encendieron fuego, cargaron agua, colocaron la tienda de Joan, y Lalaperu deshizo los pertrechos para abrir unas latas de conserva. El rescatado, sin fiebre ahora, se encontraba completamente exhausto. Las picaduras de los mosquitos le habían deformado el cuerpo de tal forma, que era una cosa de fe creer que fuese él. Joan, que estaba bien provista de toda clase de pomadas, le hizo algunas aplicaciones con paños calientes, y Sheldon, que iba y venía preparando al campamento para pasar la noche, sentía el mordisco de los celos cada vez que las manos de la joven se posaban sobre el rostro del enfermo. Sin que pudiese explicar por qué, ya no le parecían aquellas las manos de un muchacho, colocando los vendajes, sino las de una mujer, y sonrió ante la posibilidad de que alguna vez se arriesgase a dormir sin mosquitero, únicamente para que Joan tuviese que aplicarle aquellos ungüentos balsámicos al día siguiente.