Aventura
Aventura Sheldon se tropezó con Joan, que le esperaba en la entrada del patio. Le dio la impresión de que estaba contenta. La joven, por su parte, ni siquiera intentó disimular la satisfacción que le producÃa encontrarse con él.
—¡Cómo me alegro de verle! —exclamó—. ¿Qué ha pasado con Tudor? Los últimos tiros que escuché sonaron algo sombrÃos. ¿Eran suyos o de él?
—¿De modo que lo sabÃa? —preguntó Sheldon frÃamente—. Pues bien, eran de Tudor; y han sido realmente sombrÃos, porque disparaba con la izquierda. Está tirado sobre el sendero, con un agujero en el hombro. —Y añadió, mirándola fijamente—: Quizá haya frustrado sus esperanzas.
—¿A qué se refiere?
—A que no le he matado.
—Pero yo tampoco querÃa que lo matase, solo porque me besó.
—¿Quiere decir que él la besó? —preguntó Sheldon sorprendido—. Creà que le habÃa hecho daño en el brazo.
—Bueno, si llamamos beso al que se da por sorpresa en la punta de la nariz —confesó Joan, recordándolo con una sonrisa—. No; eso ya me lo pagó con la fenomenal bofetada que le di inmediatamente. Pero también me hizo daño en el brazo. Vea el moratón.
