Aventura
Aventura Una hora después, tras haber llegado el Apostle y desembarcado el doctor, el paciente ya estaba curado de sus heridas. Más tranquilo, decidió regresar a bordo, prometiendo volver para la cena. Joan y Sheldon le vieron marchar desde la galerÃa.
—Jamás hablaré mal de ningún misionero, después de ver lo que hacen en las Islas Salomón —musitó Joan, dejándose caer sobre la silla plegable.
Se quedó mirando a Sheldon y comenzó a reÃr.
—De acuerdo —dijo él—. ReÃr es lo más adecuado en estos casos. A mà me daban ganas de hacerlo mientras me emboscaba como un demente para matar a mi huésped.
—TodavÃa no me ha dicho por qué se han batido.
—Por usted —respondió Sheldon escuetamente.
—¿Por m� Pero si acaba de decir lo contrario.
—No me refiero a la ofensa del beso —dijo Sheldon mientras paseaba por la galerÃa, y terminaba apoyándose en la barandilla, frente a ella—. Pero se trataba de usted, y lo mejor será que lo sepa. Recuerde que hace tiempo le avisé de que pasarÃa algo asÃ, cuando decidió ser mi socia. Bueno; lo cierto es que circulan habladurÃas por toda la costa, y Tudor decidió insistir en recordarme esas habladurÃas. Ya ve usted lo inconveniente que es que siga usted aquÃ. Seria mucho mejor que se fuera.