Aventura
Aventura —Es verdad —reconoció Sheldon—. Estaban permitidas toda clase de armas. Yo me habÃa tumbado en una zona de la hierba desde donde no podÃa verme, y desde aquel escondite arreglé sus cuentas de la forma más noble posible. Todo esto pasa cuando hay mujeres en la plantación. Y ahora espero que nos queden todavÃa vendajes y antisépticos. Se trata de una operación delicada, y lo mejor será que me lea qué es lo que conviene hacer en estos casos, antes de abrir.
—Yo no me considero culpable de lo ocurrido —dijo Joan—. No pude impedir que me besara, porque nunca pensé que lo intentarÃa.
—No nos batimos por eso, ni tampoco podemos perder el tiempo en explicaciones. Mientras prepara usted las compresas, yo echaré un vistazo a mi libro de medicina, en el apartado de «Heridas por arma de fuego», y veré qué puedo hacer.
—¿Se está desangrando acaso? —inquirió la joven.
—No; creo que la bala no ha tocado nada importante. Pero podrÃa haberlo hecho.
—Entonces lo mejor es que esperemos al Apostle, que está al llegar, y es casi seguro que con él vendrá el doctor Welshmere. Acomodemos a Tudor lo mejor posible. Lo más adecuado es que lo tumbemos sobre su cama, bajo el mosquitero, y que zarpe enseguida un bote para avisar al doctor Welshmere de que traiga su maletÃn.