Aventura
Aventura Se subió la manga de la camisa y mostró la marca de los dedos.
En aquel instante, varios negros aparecieron de entre los árboles, trayendo al herido en una camilla.
—Muy romántico, ¿no le parece? —dijo Sheldon siguiendo la mirada de la muchacha—. Ahora tendré que hacer de cirujano. Son sorprendentes los duelos del siglo XX. Primero hiere usted al individuo, y después tiene que darse prisa en taparle la herida.
Se hicieron a un lado para dejar pasar la camilla, y Tudor, que habÃa alcanzado a escuchar las últimas palabras, se incorporó a medias apoyándose en su brazo izquierdo:
—Si le hubiese acertado con una de mis balas, no habrÃan podido tapar la herida ni siquiera con un plato.
—¡Canalla! —exclamó Joan—. Disparaba balas estriadas.
—Estábamos los dos de acuerdo —se defendió Tudor—. PodrÃamos haber utilizado dinamita, incluso, si hubiésemos querido.