Colmillo blanco
Colmillo blanco Se encontró con un torbellino de plumas. El lobezno se sintió confuso y cegado ante la rapidez del ataque y el aleteo furioso. Escondió la cabeza entre las patas delanteras y chilló. Los golpes se incrementaron. La madre ptarmigán estaba furiosa. Entonces, el lobezno se enfureció. Se levantó, gruñendo e intentando golpearla con las garras. Una de las alas fue alcanzada por sus dientes y tiró con vigor. El ptarmigán luchó contra él, propinándole golpes con el ala que tenía libre. Era su primera batalla. Estaba contento. Olvidó completamente lo desconocido. Ya no sintió miedo a nada más. Estaba luchando, desgarrando algo vivo que luchaba contra él. También aquella cosa viva era carne. La sensualidad del acto de matar estaba en él. Ya había destruido pequeñas cosas vivas y en aquel momento destruía una cosa viva más grande. Estaba demasiado ocupado y feliz como para darse cuenta de que se sentía feliz. Estaba emocionado de gozo, de una forma nueva y más intensa que cualquier otra de las que había conocido antes.