Colmillo blanco
Colmillo blanco Pero en un corto espacio de tiempo, su miedo hacia los tipis desapareció. Vio a las mujeres y a los niños entrando y saliendo de ellos sin daño alguno, e incluso a los perros intentando varias veces penetrar y ser rechazados con duras palabras e incluso con piedras. Después de un rato, se separó de Kiche y se acercó con cautela al tipi más próximo. Era la curiosidad de la juventud la que le impulsaba, la necesidad de aprender, de vivir y de hacer, la curiosidad que aporta experiencia. Las últimas pulgadas que le separaban del tipi las cubrió con dolorosa lentitud y precaución. Los acontecimientos del dÃa le habÃan preparado para que lo desconocido se manifestase en su forma más maravillosa e inesperada. Por fin, su nariz detectó el olor de la lona. Esperó. Nada ocurrÃa. Luego olió el extraño lienzo impregnado del olor del animal-hombre. Mordió la lona y tiró levemente. Nada ocurrió, aunque las zonas adyacentes de la tela se movieron. Tiró con más fuerza. Se produjo un gran movimiento. Le pareció divertido. Tiró todavÃa más fuerte una y otra vez hasta que toda la tienda se tambaleó. Entonces el grito severo de una india procedente del interior le hizo escaparse corriendo hasta Kiche. Pero después de eso ya no volvió a sentir miedo por la masa amenazante de las tiendas.