Colmillo blanco
Colmillo blanco Si la naturaleza de Colmillo Blanco hubiera albergado cualquier posibilidad, por remota que fuera, de poder fraternizar con su especie en algún momento, tal posibilidad quedó irrevocablemente destruida cuando le hicieron líder del grupo de perros porque ahora los perros le odiaban, le odiaban por la carne de más que le daba Mit-sah, por todos los favores que, reales o imaginarios, recibía por correr a la cabeza del grupo con su cola peluda moviéndose de un lado a otro y sus cuartos traseros apareciendo y desapareciendo y haciéndoles enloquecer siempre.
Y Colmillo Blanco los odiaba a ellos en la misma medida. Ser el líder del trineo no era nada gratificante para él. Que le obligaran a correr delante de la jauría que ladraba sin parar, cuando durante tres años había derrotado y dominado a cada perro, era más de lo que podía soportar. Pero debía soportarlo o perecer, y la vida que había en él no tenía la más mínima intención de extinguirse. En el momento en que Mit-sah dio la orden de partida, el grupo entero, con su entusiasmo y sus salvajes gritos, salió disparado tras Colmillo Blanco.
