El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Un instante después, al menos así lo creyó él, se hallaba mirando de nuevo por la ventana y soñando. Cómo había llegado hasta allí no lo sabía. Su último recuerdo era el hallazgo de un subtítulo en una página de la derecha del libro, que decía: «Las leyes y la Constitución de Dracón». Y luego, era evidente que, andando como un sonámbulo, había llegado a la ventana. ¿Cuánto tiempo llevaba allí? No hubiese podido decirlo. La barca pesquera que había visto desde Fort Point corría ahora a lo largo del malecón de Meigg. Esto denotaba un lapso de tiempo de casi una hora. El Sol ya se había puesto hacía mucho rato; una solemne penumbra cubría el agua y las primeras estrellas empezaban a brillar tímidamente sobre la cumbre de Mount Tamalpais.
Se volvió suspirando para dirigirse de nuevo a su rincón, cuando llegó a sus oídos un silbido prolongado, agudo y penetrante. Era Fred. Volvió a silbar. Se repitió el silbido. Después se le unió otro. Era Charley. Le esperaban en la esquina. ¡Dichosos ellos!