El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Aquella misma mañana era aún un colegial, y ahora se hallaba embarcado en el Dazzler como marino y sin saber adónde se dirigía. Ante esta idea, sus quince años se convirtieron en veinte, y se sintió todo un hombre, más aún: un marino.
Deseaba que Charley y Fred le hubiesen visto en aquel momento. Bueno; oirían hablar de él. Les veía hablando de este hecho y a los otros chicos apretujándose en derredor suyo: «¿Quién?». «¡Oh, Joe Bronson que se ha embarcado! ¡Era nuestro amigo!».
Joe, orgulloso, se imaginó la escena. Después se enterneció al pensar en el dolor de su madre; pero volvió a endurecerse con el recuerdo de su padre. No era que su padre dejase de ser bueno y cariñoso, pero no comprendía a los muchachos, pensó Joe. Esto era lo verdaderamente inquietante.
Aquella misma mañana había dicho que el mundo no era un lugar de recreo y delicias, y que los chicos que así lo creían estaban expuestos a sensibles errores y a desear la vuelta al hogar. Pues bien; él sabía que el mundo abundaba en trabajo penoso y en duras experiencias; pero pensaba también que los muchachos tienen algunos derechos.
Deseaba probarle que sabía valerse por sí mismo, y de todos modos podría escribir a sus padres cuando se hubiese adaptado a su nueva vida.