El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler —Basta ya. Son chiquillos que no van a ninguna parte.
—Yo… yo querÃa pedirte que vinieras tú, Fred y Charley —dijo ella con voz temblona—. Por esto te habÃa llamado… para pedirte que vinierais.
—¿Qué haréis? —preguntó.
—Pasear, coger flores silvestres (ahora ya hay amapolas), merendar en algún sitio agradable y… y…
—Volver a casa —concluyó por ella.
Bessie asintió con la cabeza. Joe volvió a introducir las manos en los bolsillos y a pasear de arriba abajo.
—¡Vaya unos preparativos! —dijo bruscamente—. ¡Qué programa tan estúpido! No cuentes conmigo, gracias.
La niña apretó los labios temblorosos y volvió a la carga valerosamente.
—¿Y tú qué harÃas? —preguntó.
—Yo cogerÃa a Fred y a Charley y me irÃa a algún sitio para hacer algo… bueno algo…
Se detuvo y se la quedó mirando. Ella esperaba pacientemente que continuase. Pero él se daba cuenta de su incapacidad para expresar con palabras lo que sentÃa y deseaba, y toda su pena y general descontento volvieron a adueñarse de él.