El Lobo de mar
El Lobo de mar Tres dÃas de descanso, tres benditos dÃas de descanso gocé al lado de Wolf Larsen, durante los cuales comà a la mesa de la cabina y no hice otra cosa que discutir sobre la vida, la literatura y el universo, en tanto que Thomas Mugridge, colérico y furioso, ejecutaba mi trabajo al mismo tiempo que el suyo.
—Cuidado con irritarle, y no te digo más —me advirtió Louis, un rato que estuvimos hablando sobre cubierta, mientras Wolf Larsen se hallaba ocupado resolviendo una pendencia entre marineros.
—Es imposible prever los acontecimientos —prosiguió Louis, respondiendo a mis requerimientos de una información más precisa—. Ese hombre es tan contradictorio como las corrientes de agua o de aire. Nadie es capaz de adivinar jamás lo que se propone. Con él ocurre que crees conocerle bien, y piensas que a su lado te empuja una brisa favorable; pero de pronto se vuelve y se te echa encima como un huracán, rasgando todas tus velas y haciéndolas pedazos.
