El Lobo de mar
El Lobo de mar Mi intimidad con Wolf Larsen va en aumento, si es que pueden llamarse asà las relaciones que existen entre patrón y marinero, y mejor aún entre rey y bufón. Para él no soy más que un juguete. Mi ocupación es entretenerle, y mientras le entretengo, todo va bien, pero en cuanto empieza a aburrirse o tiene uno de esos ratos de humor negro, quedo en seguida relegado desde la mesa de la cabina a la cocina, y al mismo tiempo puedo llamarme dichoso si escapo con vida y el cuerpo intacto.
El aislamiento de este hombre se va apoderando lentamente de mÃ. No hay un solo individuo a bordo que no le odie o le tema, ni hay ninguno a quien él no desprecie. Parece consumirse con la tremenda fuerza que reside en él y que no parece haber encontrado nunca adecuada expresión en las obras. Le pasa lo que probablemente le ocurrirÃa a Lucifer si este ángel rebelde estuviese confinado en una sociedad de espÃritus mezquinos a lo Tomlinson.
