El Lobo de mar

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CAPITULO XII

Las últimas veinticuatro horas han sido testigos de una orgía de brutalidad. Desde la cabina al castillo de proa ha estallado como una epidemia. Apenas sé por dónde empezar. En realidad, la causa de todo ello fue Wolf Larsen. Las relaciones entre los hombres, que estaban ya muy tirantes, llegaron, debido a las continuas disputas, riñas y odios, a una condición de equilibrio inestable y las malas pasiones se inflamaron como una pradera de heno en la cual hubiese prendido una chispa.

Thomas Mugridge es una serpiente, un espía, un delator. Ha intentado captarse la benevolencia y reintegrarse al favor del capitán llevándole soplos de los hombres de proa. No me cabe duda de que fue él quien contó a Wolf Larsen algunas de las frases violentas de Johnson. Al parecer, Johnson compró un equipo de impermeables en el bazar del barco y advirtió que era de ínfima calidad, y, ni corto ni perezoso, lo manifestó así. Este bazar en miniatura lo llevan todos los barcos cazadores y contiene los artículos peculiares a las necesidades de los marineros. Lo que éstos compran se les descuenta de las ganancias subsiguientes del conjunto de la expedición, porque —y esto sucede igualmente con los cazadores— los remeros y los timoneles, en lugar de salario, reciben una cantidad correspondiente a un tanto por cada pieza cobrada en su bote particular.


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